• El autor de Los soles griegos, con una salud visiblemente debilitada, festejó leyéndole a su público

 

Con el gran humor que caracteriza su palabra, ese que le pide “a la huesuda que deje en paz a los poetas y que se encargue de los diputados”, el poeta y defensor de la libertad de expresión, Hugo Gutiérrez Vega, celebró sus 80 años en un homenaje que se le rindió el domingo a mediodía, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

 

La voz que siempre lo distinguió, ahora un poco quebrada, no perdió tono ni expresión para recordar las lecturas que ahora lo ocupan y continúan aleccionándolo: “Hace poco volví a leer uno de mis libros más amados, El gatopardo de Tomasi di Lampedusa. Leyéndolo me detuve a contemplar mi estado. Mi salud ha estado muy quebrantada en últimas fechas y el Príncipe de Salina (protagonista) me dio una lección de resignación,” dijo.

 

“Él (el Príncipe de Salina) sale del baile después de haber bailado un prodigioso vals con Angélica Sedara. Pasa un sacerdote con dos monaguillos; se pone de rodillas; se levanta; levanta la cabeza; ve la estrella de la mañana (que es también la estrella de la tarde: Venus) y dice: ‘¡Oh estrella, estrella!, ¿cuándo me darás una cita en tu mundo de certeza perene?’  Esa es más o menos mi actual situación. Les confieso que no me angustia demasiado,” expresó el poeta.

 

Canta el poeta

Una ovación recibió al poeta, quien agradeció con mano temblorosa pero decidida. Atento escuchó “las palabras de generosidad, ligeramente exageradas” de quienes lo acompañaron en el festejo: Augusto Islas, Marco Antonio Campos, Juan Domingo Argüelles y Luis Tovar, además de lectores, discípulos, amigos y familiares.

 

Al inicio de la mesa, Lucinda Ruiz Posada, esposa del maestro Gutiérrez Vega, agradeció, entre otras cosas, su generosidad: “En esta sala donde ha recibido la Medalla Bellas Artes y su diploma de Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y donde ha participado muchas veces en homenajes para él y para amigos entrañables, quiero decirles algunas cosas no muy sabidas sobre su persona. Tiene dos nombres: Hugo Jesús. También tiene dos cumpleaños: el 11 y el 20 de febrero.

 

“Hugo, gracias por haberme adentrado en la poesía y conmoverme con la tuya y la de otros. Gracias por esos 54 años juntos, por nuestro amor y desamor. Gracias por nuestras hijas; por tu honestidad sin fisuras; por las veces que levantaste la voz a pesar de las represalias; por denunciar lo que sucede en México desde que eras un fogoso orador de 20 años; gracias por no ejercer la censura. Agradezco tu paciencia y cuidados, tu generosidad también con los jóvenes, expresó Ruiz Posada Arturo Islas dijo que Gutiérrez Vega es “un torrente de vida o de muchas vidas vividas en una sola, intensa, comprometida a su manera, valerosa y, a la par, prudente. En el tumulto de sus 80 años ha sido director, actor de teatro, poeta, ensayista, director, promotor cultural, dirigente y maestro universitario, diplomático, conferenciante, periodista, puntos suspensivos.

 

“Es dueño de una presencia poderosa. Envidiable y envidiada es la sonoridad de su voz y el amplísimo el caudal de su memoria. Mentiría si no dijera que lo veo cansado de tanto vivir, amar, sufrir por los que se han ido, por este país que se hunde cada mañana,  y, sin embargo, hasta donde le alcanzan sus fuerzas, el presente de Hugo es un ir y venir constante, lleno de entusiasmo por las pequeñas cosas. Hugo vive el sueño de un vigilante, la visión aristotélica de la esperanza.”

 

Marco Antonio Campos recordó que fue en Grecia donde trabó amistad con Gutiérrez Vega. Ese país que lo influenció de forma determinante: “Entre los escritores mexicanos hay dos Grecias: la de Alfonso Reyes y la de Gutiérrez Vega. Nadie como Hugo aprovechó tanto Grecia y la volvió alta poesía. Creó una imagen de un país y su historia. Sus poemas, escritos en la madurez y el ocaso, son, sin embargo, su resplandeciente mediodía. Grecia fue su estación.”

 

Finalmente, Gutiérrez Vega regaló la lectura de dos Suites domésticas, textos en los que periódicamente  trabaja, y leyó el poema “Lluvia en Castilla”, dedicado al recientemente fallecido poeta Félix Grande, no sin antes recordar la mala racha que ha sufrido la lírica mexicana “en esta noche horrible de muerte: Gelman, José Emilio, Félix y más y más.