• El autor fue homenajeado a un año de su deceso en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia
  • A través de Urganda buscó plasmar su visión de la mujer, el amor y la poesía

A un año de su fallecimiento, fue recordado el poeta Alfredo Giles-Díaz en un homenaje realizado la noche del 23 de septiembre en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, en el que participaron César Benítez, Andrés Giles Padilla, Armando González Torres, Felipe Posadas y Aura María Vidales.

El artista plástico Felipe Posadas rememoró que cuando conoció a Giles-Díaz (Veracruz, 1960-Ciudad de México, 2018) ambos eran muy jóvenes y trabajaban en la revista Generación, del cual el poeta fue coordinador de la sección de poesía de 1990 a 1996. “Éramos descabelladamente divertidos en nuestros placeres y nos gustaba reunirnos en el bar La Ópera. Recorríamos el Centro, no importaba si llovía, y caminábamos hasta el lugar donde vivía, en la calle de Regina, donde a él le gustaba decir poesía de memoria”.

En su turno, César Benítez también hizo énfasis en la importancia de Generación, gracias a la cual pudo conocer a Giles-Díaz y ser su amigo por más de 30 años. “Es importante advertir su exigencia y su rigor poético, que a veces pensé que era excesivo. Hubiera preferido más poemas y quizá no tanta excelsitud. Hay un contraste muy interesante entre su vida de exceso con una postura tan reservada, cuidadosa y exigente, principalmente para su propia poesía. Eso fue una condición fundamental en su trayectoria como poeta”, refirió.

Por su parte, Andrés Giles Padilla hizo una minuciosa descripción del homenajeado. Dijo que lo más característico de él era su voz de barítono. “Nunca supe cuándo ni por qué escribía poesía. Nunca llegué a conocer de verdad al poeta, sino al actor de sí mismo.

“Durante dos décadas vivimos muchas cosas; caminamos un continente como hermanos. Me fui del país muchos años y al regresar nos reencontramos hasta sus últimos días. Sin embargo, nunca supe realmente si él creía en Dios, pertenecía a un partido socialista o pensaba en la muerte más allá de la poesía. Hubo una parte de él que se guardó para sí mismo con cuidado y en silencio. Hizo un anticanto a sí mismo; una canción que sólo él se cantaba”, detalló Giles Padilla.

Durante su intervención, Aura María Vidales recordó la obra breve “con indiscutible fuerza poética” de Giles-Díaz, a quien conoció en la entonces Dirección de Literatura, hoy Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, cuando ella era investigadora y él funcionario cultural. Habló de las vivencias al lado de su compañero y amigo, quien solía recitar poemas de Vicente Huidobro de memoria, comentó.

A decir de Armando González Torres, Giles-Díaz no sólo era un extraordinario lector, sino una persona afable. “De jóvenes nos veíamos casi a diario. Cuando teníamos dinero nos íbamos a una cantina barata, pero cuando no, practicábamos lo que Alfredo llamaba mataperrerar, que consistía en caminar sin rumbo y charlar sobre libros. Esas jornadas eran inmejorables oportunidades para articular, mediante la verbalización incesante, los proyectos literarios de cada uno. Fue entonces que me enteré de Urganda, personaje alrededor del cual Alfredo buscaba articular su poesía”, señaló.

Urganda, agregó, es uno de los principales personajes de la novela de caballería. Se trata de una maga que puede transfigurarse a voluntad y protege a los seres. A través de este arquetipo femenino, Alfredo Giles-Díaz buscaba plasmar su visión de la mujer, el amor y la poesía. No se trataba de una simple musa sino de un símbolo que aludía a las virtudes femeninas.

Urganda fue la única publicación en forma de libro de Alfredo, la cual apareció en 1989. Es un libro perfecto y, a pesar de su brevedad, vale mucho más que las antologías más gruesas de muchos autores actuales. Deja ver la semilla de un proyecto intelectual sólido y con una gran exigencia poética. Esta delgada plaquette con una veintena de poemas revela un oficio depurado y una ambición notable. Tengo la impresión de que era un adelanto de este proyecto a largo plazo. En la poesía de Giles-Díaz se encuentra su filosofía y su temperamento, una filosofía que es un manifiesto que celebra el placer de los sentidos, finalizó González Torres.