La estrategia policial

 

-¿Qué va a pasar? es un imán que mantiene al lector atado a sus relatos ¿cómo lo hace, eso sí es deliberado?

-Yo tengo la costumbre de escribir textos en los que hay un interés progresivo. O se añade información, o la situación se agrava, pero siempre hay algo que crece. Creo que todos más o menos intuimos cómo se hacen estas progresiones. Las aprendemos leyendo y claro, cuando tu de niño eres un lector voraz de novelas de aventuras, de novelas policíacas, pues entonces adquieres un instinto de amenidad superior a los que leyeron geografía y estadística.

-¿Es un aprendizaje inconsciente, entonces?

-Es inconsciente, pero en muchas de mis obras es deliberado el uso de la astucia policiaca. Cómo hacer a un lado a Le Carré, Graham Greene, Ambler, Doyle, son presencias indiscutibles. Rosalba y los llaveros es una astucia absoluta de novela policiaca. La verdad está a la vista de todo el público y no se le ocurre hasta que se la dicen. Me parece muy curioso y muy inocente que eso sea posible. Al principio me parecía que era un defecto hacer una trama tan transparente, con un final tan claro y anunciado, como lo hice también en Rosa de dos aromas, pero he descubierto que la gente opta por ignorar algo que está ahí enfrente de todos: a dónde va la obra y cómo va. La gente no sabe qué es lo que va a pasar y se sorprende con algo, que ya ha estado viendo con sus ojos. Pero bueno, tal vez sea la buena voluntad del público más que el verdadero oficio de la obra. En otras, como El relojero de Córdoba, la estructura es absolutamente policiaca y Las visitaciones del diablo, no se diga, es novela policiaca con todas sus leyes.

-En Las visitaciones del diablo también se combinan recursos del siglo XIX con hallazgos contemporáneos, pero el mecanismo policiaco es uno de sus ejes y surge a partir de dos enigmas, de dos distintas historias...

-Esa es una novela que tramé muy bien, Es muy curioso, la base de Las visitaciones es un cuentecillo de cuando yo tenía como 16 años, que había olvidado por completo. Pero un día, en duermevela, estaba yo muy triste pensando cómo hacer para comprar una casa. Y mientras me quedaba dormido pensaba: lo que debo hacer es una serie de televisión y venderla al cine, total que me puse hacer cuentas y empecé a elaborar la historia, un folletín de muchas partes. Por fortuna lo apunté todo y me dormí, cuando desperté dije: qué estupideces estaba pensando, me empecé a reír de mis cálculos y claro, era imposible que me alcanzara para la casa. Pero pensé que la historia sí valía la pena y probé escribir un capítulo diario. Pero me falló, tarde 17 días en vez de quince.