La literatura, un aprendizaje sin maestro

 

Emilio Carballido ha sido un incansable formador de dramaturgos y directores (subdirector y maestro de la Escuela de Teatro y miembro del Consejo Editorial en la Universidad Veracruzana; director de la Escuela de Teatro, profesor de Arte dramático del INBA y varias universidades de EE.UU). En su taller todas las semanas se discuten las propuestas de un conjunto de jóvenes y de avezados autores que ponen toda su fe en la lección del maestro. Pero Carballido, autor también de una cincuentena de guiones cinematográficos, insiste en afirmar que el sólo escucha y aconseja:

-La literatura no es enseñable. Se enseña la gramática, el buen oficio literario. Pero el arte no se enseña: se tiene o no se tiene. Así de simple, se enseña la artesanía literaria. Es lo único transmisible. Hacer poesía o intentarla es una de las mejores lecciones literarias, te aguzan la intuición para encontrar las palabras más precisas y las formas que mejor suenan en la prosa. En materia de lecciones literarias, encuentro la mejor en el siglo XIX con los recursos que ha legado el siglo XX. Efectivamente Maupassant está muy presente en Las visitaciones del diablo porque lo leí mucho. Pero déjame decirte que entre los cuentistas, he tenido cuatro ídolos en la vida, han sido: Maupassant, Chejov, Pirandello y Katherine Mansfield y pues se le debe notar a uno. Sólo así se aprende, con los grandes del género. De niño leí lo de rigor y por supuesto me marcó: Salgari sobre todo, Julio Verne, novelas policíacas y de aventuras.

-¿Cuando empezó a escribir quiso parecerse a algún autor de su predilección?, ¿Se empieza copiando?

-No sé. Yo creo que no. Si hubiera tenido modelos habrían sido realistas. En la adolescencia, cuando ya empecé a escribir, sí tenía muchos modelos de cuentos realistas pero regados por todas partes. Pero lo que leo de fondo en tu pregunta es un por qué de los procesos formales, de las razones de orden técnico. Te voy a decir: no creo que nadie escriba por razones técnicas. En primer lugar, el teatro es una experiencia de la infancia. Mi madre que fue una cantante frustrada a pesar de que tenía una voz más que adecuada, me llevaba al teatro todas las semanas y pues siempre me gustó. A los 16 años publiqué mi primer obra, pero el afán venía de muy atrás. Empecé a escribir teatro realista, eso sí, por razones de clase, porque Usigli nos insistía en escribir teatro realista. Decía que el expresionismo no era una escuela válida, no sé por qué diría eso, porque él tiene muchas expresionistas. Pero mi instinto me dictaba escribir cosas expresionistas y fantásticas. Luego de mi periplo con Usigli recuperé mi modo espontáneo de escribir, sobre todo a partir del contacto con el teatro chino, por mencionar una gran tradición, y de ahí salió ya El Día que soltaron los leones y otra serie de obras, donde plasmé realmente lo que yo quiero hacer.