Teatro y narrativa: las dualidades fecundas

 

-La dramaturgia ha sido una gran tentación para algunos narradores, ahí está el caso de Fuentes, García Márquez, Vargas Llosa. Para algunos dramaturgos, ellos han escrito un teatro de novatos, textos que no son para la escena...

-Pondré como ejemplo el teatro de Fuentes: un teatro muy incapaz del manejo escénico, curiosamente, un obsesivo de la estructura narrativa, no sabe tramar bien. Además escribe un teatro vengativo, no tiene una cosa personal que hacer y proponer en el género. La incursiones de García Márquez en el monólogo son más afortunadas porque tiene una prosa tan vital que fluye muy bien en esa modalidad dramática. Cuando algún monólogo de Gabo fracasa, generalmente es culpa del director que aprovechando el nombre de Gabo le pone mucha crema a sus tacos.

-¿La composición dramática sería entonces un problema de estilo, de talento innato o de vocación?

-Creo que los narradores que mencionas y otros de menor renombre, no tienen un sentido claro de la escena. Sucede que la práctica dramatúrgica, le da fluidez a tu escritura, la agiliza y la hace más directa. Pero no sucede lo mismo cuando se va de la narrativa al teatro. Con Vargas Llosa pasa que el nombre del novelista empuja al producto teatral, pero realmente están muy negados. Fuentes es infinitamente mejor. El caso de La Chunga es patético, me pareció puerca y estúpida. Es una obra confusa, sin el deseo de personajes, con una acción mugre que a nadie le importa y además de un machismo verdaderamente inverosímil, y sucia, con la intención de porno show. Lo sensual no sale con naturalidad, está metido a fuerzas para que aquello deje lana y pues sí le ha dejado.

-¿Se tiene que escribir para la escena, pensar en representar la obra, es un requisito?

-Por supuesto, y tener un sentido de tiempo, de espacio, sobre todo de espacio. Capacidad para crear imágenes, es como escribir una partitura sinfónica. Es absolutamente necesario tener el sentido de lo que es un mutis, de lo que es una entrada brillante, de lo que es una entrada imperceptible, de lo que pesa un gesto, una palabra, de un montón de cosas. El lenguaje de teatro es un lenguaje gestual escondido debajo de un texto literario.

-¿No lo tienta la posibilidad de llevar algunas obras dramáticas al terreno del cuento y la novela?

-Quizá no vale la pena convertir una cosa de drama en novela, en narración, para qué. Lo contrario tal vez sí porque es darle inmediatez. En el caso de los cuentos, por ejemplo, es una cosa muy atractiva y se convierten en otra cosa, en otra criatura. Digamos, Vals sin fin sobre el planeta es la visión dramática de mi cuento Los huéspedes. Pero prefiero la primera porque tiene mayor dimensión. La casa sonámbula y el tren son dos imágenes que en el texto teatral alcanzan su plenitud. La visión expresionista de la obra dice mucho más que el cuento. Además de que Vals sin fin sobre el planeta tiene una visión complementaria en otra obra: La danza que sueña la tortuga, una comedia contigua de Vals sin fin ... donde la fantasía y el sueño, sumados a su carácter expresionista, alcanzan momentos alucinantes y extremos.