Invención de la autobiografía

 

"A veces lo autobiográfico es más evidente en unas obras que en otras. Pero en general nunca se puede ser totalmente autobiográfico, ni nada por el estilo. Lo más que pasa es que te tomas a ti como personaje, pero al hacerlo ya estas haciendo otra persona que no eres tu: es decir, un personaje. El niño narrador de Sobre virtudes teologales (en Flor de abismo ) es muy cercano a lo que realmente sucedió, pero la realidad de entonces está retocada, está hecha, de sustancia narrativa. No hay exactitud ni rigor en el relato de los acontecimientos, pero así fueron. Uso incluso mi propio nombre y el retrato de mi familia y las relaciones con esa familia tan curiosa a la que me refiero. Pero cuando ignoro algún aspecto de esa historia real decido imaginarlo y es igualmente revelador. Lo hago porque conozco la lógica del suceso, que él mismo pide un desarrollo narrativo sin traiciones. Además la utilización de la primera persona lo permite y crea una sensación de infinitud. ¿Dónde empieza y dónde termina la realidad?, donde ese yo narrador lo desee. Pero, te digo, el final de Sobre virtudes teologales es totalmente cierto, con periódico y todo. Es decir, realmente ese cuento es una crónica, una biografía. Es una historia alucinante, curiosísima".

-Los sueños deberían formar parte de cualquier ejercicio autobiográfico serio ¿no cree? ¿En su vida real el sueño es muy significativo, lo es también en su vida literaria?
-Pues claro, es tan fuerte que en ocasiones mis sueños hacen "tronar" mi vida personal. (ríe) Pero bueno, el sueño también me trae regalos literarios. A mis alumnos de taller les sugiero que pongan una libreta y un lápiz en su buró para que anoten sus sueños al despertar, porque sino los sueños se van a que los sueñe alguien más.

-¿En esos sueños figuran los libros que desearía leer pero que aún no se escriben?
-Claro, escribo cuando tengo ganas de leer eso que estoy escribiendo. Cuando termino lo leo con mucho gusto.

-Pero los sueños generalmente devienen temas de conversación, no de escritura...
-La conversación sobre ciertas anécdotas puede frenar su destino literario, eso es cierto. Ese fue el peligro que corrió la historia de la ciega en Sobre virtudes teologales. La conté en público dos veces y al contarla iba tomando forma y decidí que antes de que se volviera un tema de plática se volviera una obra literaria. Aunque se debe reconocer que cuando cuentas una historia encuentras pistas para contarla literariamente.