La extranjía: ¿extranjero de dos tierras?

—¿Cuándo dejó de ser un extranjero en México?

—Para referirme a mí, prefiero usar la palabra extranjía. Extranjería no me va para hablar de la sensación que me produce ser un hijo de españoles refugiados. Me considero un escritor mexicano y así he sido aceptado con todo y mis pleitos literarios. Me puedo enorgullecer de que es rara la antología de cuentos en la que yo no esté. No he sido rechazado como un cuerpo extraño, aunque lo sea, en la misma medida que puede serlo un yucateco respecto del México central. Lo que sucede conmigo es que tengo cierto tipo de experiencias que no fueron comunes entre los escritores de mi generación. Por ejemplo: de niño viví el éxodo durante la guerra civil española, vi a mi padre en un campo de concentración, lo supuse muerto, mi madre trabajaba de criada en Francia, etcétera. Son experiencias que no tuvieron los escritores mexicanos con quienes conviví: Juan Vicente Melo o Juan García Ponce. En ese sentido, ni para bien ni para mal, tengo algo de extranjero. Pero también soy extranjero en España. Cuando estuve allí, fui un extranjero para ellos. Mi experiencia vital estaba más hecha de México que de la España, que dejé a los tres años. Esa sensación de extranjía la veo reflejada en algunos cuentos. Pero esa sensación de extrañeza se le da, en cualquier parte del mundo, a toda persona con una mínima inteligencia y sensibilidad. Qué tiene uno que ver con las personas que viajan en el metro todos los días. Uno puede tener lazos de solidaridad social con ellas pero hay una sensación de extranjía, sabemos que nos movemos en un mundo que no nos pertenece ni al que pertenecemos del todo. Compartí esa experiencia vital con mis compañeros del Colegio Madrid, pero no la pertenencia intelectual que sí encontré con mis amigos mexicanos: Juan García Ponce, Juan Vicente Melo, Salvador Elizondo, etc. Hay muchos niveles y muchas formas de extranjía. Para la literatura española no existo, no estoy en una sola antología de narrativa española. Donde soy considerado como un escritor mexicano es aquí, lo cual tampoco me obliga a escribir sobre campesinos, charros, ni nada de eso. Borges decía que para ser argentino no hay que estar todo el día hablando de los gauchos.

—“El tercero” (en
Ven., caballo gris) es un cuento con ese tema…
—“El tercero” y puede que alguno de los otros. También en "Ven, caballo gris" existe ese planteamiento. El protagonista es un hombre que ya se ve reducido a vivir en un cuarto, en el solar de una vecindad que se está desmontando, pero él no se va de ahí. Él también es una especie de extranjero y de hombre, por lo menos, solitario. En una tesis que realizó una joven española sobre mi generación se señala. Encuentra, por ejemplo, en “Excalibur” esa sensación de extranjía, aunque el cuento nació en realidad de una imagen casi de sueño, de esas que se tienen en la duermevela. Vi a alguien que se abría en dos partes a otra persona y que apenas la hubo cortado, el sujeto se volvía a unir, sin ninguna herida, lo que provocaba en el dueño de la espada un actuar constante.