La autobiografía

—Si concibe la literatura como refugio, como la reconciliación y búsqueda de su mundo interior, ¿cómo conciliar los elementos autobiográficos y la imaginación?

—Eso no se puede saber. Proust escribió una gran obra haciendo uso de su propia vida. Pero en el caso de Borges, sus cuentos rara vez son autobiográficos. El escribió de gauchos, de gánsters, de guerreros, de otras épocas. Evidentemente eso no eran experiencias personales. Tal vez se pueda saber algo si confronta la vida del escritor con su obra, Cuando escribí “La cabalgata”, por ejemplo, o el cuento de la Guerra Civil, “El tercero”, eran cosas que no había vivido. Pero también suceden cosas extrañas, uno puede escribir un cuento fantástico en el que sin quererlo se inmiscuyan elementos autobiográficos: ¿Cómo sucede eso?, pues a través de un préstamo de sentimientos y sensaciones, de la visión del mundo que de uno sobrevive en los personajes. Ahora estoy empeñado en hacer una novela sobre los meses de prisión de San Juan de la Cruz y ni soy creyente ni estoy en el siglo XVI ni he vivido una experiencia de ese tipo. Pero quizá algo de él puedo compartir.

—Las obsesiones de un escritor pueden considerarse como parte del repertorio autobiográfico?, su cuento más conocido y antologado, “La lucha con la pantera” ¿guarda proximidades con su biografía?

—Algunos cuentos de ese libro son autobiográficos y resultado de varias obsesiones aunque no creo que lo autobiográfico haga valedero un texto. Lo que importa es si realmente se ha convertido en un texto válido literariamente. A pesar de que La lucha con la pantera tiene temas muy diferentes hay una obsesión fundamental: la mujer adolescente. Cuando empecé a tener una cierta vida sentimental, erótica, o como quiera llamársele, me di cuenta muy pronto que no tenía suerte con las muchachas de mi edad. Si lograba interesarle a una mujer, era porque se trataba de una mujer mayor, madura, otoñal, que afortunadamente también me atraían. Tal vez fue un freno que yo mismo imponía sin darme cuenta, pero esa incapacidad terminó por convertirse en una obsesión: las idealizaba de una manera tan increíble que temblaba al estar ante una muchacha que me gustara. Para vencer el miedo y la atracción existía un sustituto maravilloso y terrible a la vez, porque me apartaba aún más de los hechos reales: el cine. Yo me enamoraba físicamente de verdad de las mujeres del cine. Me parece que ese conjunto de mitologías y obsesiones está presente en “La lucha con la pantera”, que no es otra cosa que un enfrentamiento beligerante del mundo y, por supuesto, la lucha por el amor.