Moral sin moraleja

—Por ejemplo otra cosa que lo ha distinguido como autor es la distinción que establece entre literatura y moral, el cuento como lección moral o religiosa ha dicho que es “la prehistoria del género”.

—Toda literatura refleja una moral pero no debe ser explícita, ni discursiva. El arte no debe trabajar así; un texto literario no debe de ser una lección moral ni tener moraleja. El arte se mueve en la ambigüedad de los significados y no pretende imponer alguno, aunque inevitablemente lo tiene. Escribir un cuento para decir que esto es bueno o malo, es todo lo contrario de lo que importa en la literatura. Qué lección moral puede dar la literatura. Qué pasó con la llamada “literatura de compromiso”, fue una literatura para demostrar que el mundo estaba mal, que las clases sociales están en lucha y que hay que cambiar el mundo. Más valiera que hubieran hecho reportajes o documentales. Nadie me puede demostrar nada con personajes a los que mueve como quiere, así sea Dostoievski. Lo que me puede hacer sentir es que están vivos. Dostoievski escribió Los hermanos Karamazov cuando había dejado de ser revolucionario y había entrado en el cristianismo total y estaba de acuerdo con el orden zarista. Entonces en esta novela hay varios hermanos que representan diferentes tendencias. En esa novela Dostoievski logró todo lo contrario de lo que se proponía. Quiso, con Iván, mostrar todo aquello que le parecía incorrecto y con ese personaje comienza la moral de la literatura moderna. Iván dice más o menos: si el dolor de los niños está justificado para formar parte de la suma de dolores por los que deben pasar los hombres para llegar a Dios; si la muerte y el dolor y la violencia que sufren los niños están justificados, yo afirmo desde ahora que ese Dios no vale la pena. Iván es el gran grito de rebeldía y el grito de dolor de la literatura. Dostoievski es un artista tan grande y tan buen novelista que cuando está dibujando al personaje que es todo lo contrario de lo que él cree, de todas maneras le da suficiente inteligencia y vida para que tú te pongas de parte de Iván. Eso demuestra que la literatura es ambigua, es decir, cuando tú escribes para demostrar algo, si tienes talento, en realidad te puede ocurrir que el lector tome el sentido contrario de lo que dices. Todo lo contrario de esos malos caricaturistas que si dibujan un banquero lo hacen gordo, con puro y sombrero de copa, y a lo mejor es un hombre delgado guapo y sin puro que explota a todo el mundo.

—Se habla de novela de ideas, ¿se puede endosar este término al cuento?

—Hay que distinguir entre ideas e ideología. En los años cincuenta y sesenta muchos escritores marxistas decían que había que tener ideología. Sigue ocurriendo ahora, aunque menos, porque hay menos marxistas, fue terrible que se les cayera la casa Usher del marxismo. Te decían la palabra ideología como si fuera una palabra positiva, como si la ideología fuera algo que tuviéramos que tener. Marx siempre la usó en sentido contrario, porque consideró que la ideología es una construcción puramente abstracta y mental que no tiene que ver con la concreción y con las contradicciones de lo real. Usó eso para burlarse. Hay que tener ideas no ideología, que uno tenga además una posición moral, que uno crea que hay que combatir ciertas cosas en el mundo, es diferente a creer que uno ya se explicó el mundo y que lo único que hay que hacer en política o en literatura, es tratar de que el mundo coincida con las ideas de uno. Marx decía que la historia es el terreno de la necesidad y que la evolución del hombre era un intento de salir del reino de la necesidad para entrar al reino de la libertad. Para mí ese reino de la libertad, que en la vida real es inalcanzable, ocurre en el arte. Una libertad que luego tiene sus esclavitudes en la necesidad de aprender una técnica y todo ello, pero es el terreno de la libertad. No soy marxista a pesar de que hago estas citas, pero como me gusta combatir a los marxistas me gusta saber más que ellos acerca de Marx.