• Este 27 de diciembre se conmemoran 61 años del deceso del poeta, traductor, dramaturgo y pensador mexicano

La Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), a través de la Coordinación Nacional de Literatura (CNL), recuerdan al poeta, ensayista, narrador, traductor, dramaturgo, diplomático y pensador mexicano, Alfonso Reyes, cuya obra literaria e intelectual es un referente imprescindible en las letras nacionales.

Para el doctor Javier Garciadiego, responsable de la Capilla Alfonsina de la Ciudad de México, “El elemento más importante de Alfonso Reyes fue presentarnos una literatura grata e informada. México estaba muy encerrado como consecuencia de la Revolución Mexicana y, de repente, Reyes dice 'podemos ser provechosamente mexicanos, pero también generosamente universales'. Junto a Octavio Paz y Carlos Fuentes, fueron los hombres que nos vincularon con la literatura universal”.

Desde pequeño, los intereses intelectuales del regiomontano universal estuvieron presentes realizando sus primeros estudios en escuelas particulares de Monterrey, en el Liceo Francés de la Ciudad de México, en el Colegio Civil de Nuevo León, en la Escuela Nacional Preparatoria, y en 1913 obtuvo el título de abogado en la Escuela Nacional de Jurisprudencia de la Universidad Nacional de México.

En la segunda década del siglo XX, Alfonso Reyes afrontó diversos retos personales y familiares que lo obligaron a salir del país para incorporarse a la Legación de México en Francia, puesto que ocupó hasta 1914; un año después, en 1915, materializó Visión de Anáhuac, clásico volumen de la literatura mexicana, publicado finalmente en 1917. En 1920 fue nombrado segundo secretario de la Legación de México en Madrid y durante casi dos décadas (1924-1939) formó parte del Servicio Exterior y representó a México en Francia, Argentina y Brasil.

De esa época sobresalen ensayos de Reyes como Cuestiones gongorinas (1927), Simpatías y diferencias (1921-1926), Homilía por la cultura (1938), Capítulos de literatura española (1939 y 1945) y, posterior a su largo exilio, Letras de la Nueva España (1948). Asimismo, cristalizó diversos libros sobre temas clásicos, pero también sobre problemas mexicanos, americanos y temas varios, como Tentativas y orientaciones (1944), Norte y Sur (1944), La X en la frente y Marginalia (se compone de tres series, publicadas en 1952, 1954 y 1959, respectivamente). Entre sus traducciones también se encuentra parte de La Ilíada, de Homero (1951).

En 1939, Reyes se instaló en la Ciudad de México y construyó su hogar ideal: una casa habitación integrada a una biblioteca que, en sus mejores tiempos, albergó más de 20 mil volúmenes de distintos géneros literarios. Actualmente, la Capilla Alfonsina de la Ciudad de México resguarda documentos, fotos y objetos que dan testimonio de la vida del autor. Además de coadyuvar en la promoción y difusión de su obra, la Capilla Alfonsina contribuye en el otorgamiento del Premio Internacional Alfonso Reyes.

Destacan, entre los muchos reconocimientos que obtuvo Alfonso Reyes, los doctorados honoris causa por las universidades de Princeton, Nueva Jersey; el de la Universidad Nacional Autónoma de México, así como de la Universidad de París, entre otros. El regiomontano universal vivió 70 años y falleció en la Ciudad de México en 1959. Sus restos permanecen en la Rotonda de las Personas Ilustres.

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